Ben-Hur… de caballos y un sexy Yisus

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Pues al parecer la novela de Lew Wallace, escrita en 1880 “Ben Hur: Una Historia de Cristo”, por sí mismo es bastante sólida y puede salir bien librada de cualquier situación, y miren que ya estamos hablando de su sexta adaptación, pasando por películas, serie o caricaturas, y si bien unas pueden ser más espectaculares que otras, esta versión de 2016, se acopla bien a las necesidades del publico actual, uno que simplemente no podría estar en la sala más de tres horas si no está viendo a un par de seres con superpoderes golpeándose entre ellos incansablemente.

Si bien esta nueva versión ocupa solo una fracción del potencial con el que han contado las anteriores, se maneja bien dentro de sus propias limitaciones, y se une así, a la gran tradición de ocupar esta historia para contar a nuevas generaciones parte de la base de la civilización occidental actual, ahora a través de los ojos de Timur Bekmambetov y el guionista de “12 Años Esclavo” John Ridley, intentando ser más fieles al libro, pero sin dejar de ser, la misma historia que solemos chutarnos cada año durante la cuaresma.

Situada entre los años 25 y 33 A.C., la cinta comienza con un poco de adoctrinamiento dogmático, con nada más y nada menos que la voz del mismísimo Dios por excelencia (si, hablamos de Morgan Freeman) para al momento, darnos una sólida idea de hacia dónde se dirige la cinta, al ver a un par de tipos en una fiera carrera a caballo, muy al estilo de las que los circos romanos hacían con carruajes. Este par de hermanos (por adopción, pero hermanos a fin de cuenta) se tienen un especial aprecio que pareciera nada puede romper, Judá Ben-Hur, un príncipe de Judea, y Messala Severus, nieto de un romano que traiciono al Cesar, ahora huérfano, lo son todo el uno para el otro, hasta que obviamente los celos por la diferencia del trato de la madre de uno y el otro, así como el saber que nunca podrá llevar el nombre de su familia adoptiva, llevan a Messala a unirse a la Legión Romana, acción que a la larga, terminara con el amor familiar para convertirse en venganza, misma que solo podrá ser acallada con sangre.

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El director arrastra su desinterés por adentrarse dentro de la relación y el drama de estos dos personajes (vamos, ese debería ser el motor de la historia, pues de ahí derivan sus motivaciones), y centra más su atención en dirigir todos los elementos que vamos viendo en pantalla hacia un punto específico, y así, afianzar las riendas de los caballos, para llevarnos directo a la acción de la escena final, brindando por momentos escenas apresuradas, sin forma definida y que solo nos muestran que los hermanos enfrían su relación porque Toby Kebbell frunce cada vez más el ceño, y termina reduciéndolos a nada más que la filosofía de cada uno, el perdón para Ben-Hur y la sangre y castigo para Messala.

Pero, si pienso todo esto, ¿Por qué he dicho que la cinta me pareció algo bueno?  Porque la carrera de carruajes del final hace que la espera valga la pena, pues es como ver una carrera de Nascar, de esas donde esperas con ansias que alguno de los coches choque, pero con caballos.

Otro punto a su favor, es que siempre se mantiene clara en el objetivo principal del libro (si, aparte de la carrera), que es crear una cinta épica que hable solo la fe y el perdón, ambos sentimientos por encima del odio.

Si pensáramos que cada Ben-Hur es un reflejo de la generación para la que es filmada, esta sería la de una a la que solo le gustan los Blockbusters que brindan meramente entretenimiento, haciéndola una cinta ideal para el público actual, pero que, en ningún momento, creo que se convierta en el clásico que es la versión protagonizada por Charlton Heston.

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