Trainspotting… que 20 años pesan

1996  fue el año en que surgió una de las grandes películas de culto de nuestros tiempos, Trainspotting marcaba a una generación que vivía bajo el estigma del “Vive rápido y deja un cadáver bonito”, donde Renton, Sick Boy y el resto de sus amigos se embarcaban en viaje psicotrópico para escapar de sus problemas, los cuales obviamente, cada día son mayores.

20 años después de haber escapado de Edimburgo con el dinero de Begbie y sus amigos, Mark no concilia consigo mismo sus acciones, así que decide regresar y enfrentarse con lo que venga, finalmente, Begbie, de quien realmente debe preocuparse, está encerrado en la cárcel, pero, sin saber que coincidentemente, está a punto de escapar.

Aquí es donde pongo el peor de la película, pues si bien T2 es una propuesta mucho más madura de Danny Boyle, para el espectador que está esperando ver algo parecido a la primera parte, podría llevarse una mala sorpresa, ya que la cinta se toma por otro camino, uno donde si bien aún es afecto a meterse en cuanto problema puede, Renton ha dejado la adicción a las drogas por la adicción a vivir escapando, y no solo el, sus amigos han tomado caminos totalmente diferentes y será su regreso el que los vuelva a unir… cosa que tal vez no sea lo mejor. Dejamos atrás el golpe de las drogas para vivir en un mundo donde intentar sobrevivir es ahora lo importante.

Este cambio a mí me parece fabuloso, pues hablamos de una  secuela que si bien abraza y respeta la mitología formada a su alrededor por la primera parte, no toma al espectador por estúpido y  le regala un barato “más de lo mismo”, si no que nos presenta a personajes que han cambiado a lo largo de los años, que ya no son los jovencitos adictos que solo vivían por darse un buen pasón, si no adultos con un  dejo de tristeza por la manera en que han decidido vivir, siempre acosados por su pasado y eternamente peleando en contra de su propia naturaleza. Si algo se pierde en esta transición y cambio de época, es la chispa de juventud que plagaba a su antecesora.

La dirección de Danny Boyle es impecable, sabiendo en que momento dejar brillar a sus personajes, y de cuando permitirse perder el control, para después, destacar ciertas emociones necesarias para la historia, sumando a un gran manejo de cámara, dejando atrás el frenesí anterior, para volverse mucho más depurado y exacto.

 Si, Trainspotting cumple el famoso dicho de “segundas partes nunca son mejores”, cosa que para nada la convierte en una mala opción, y queda como una muy buena adición a una muy querida historia por todos y queda simplemente, como un “¿y que fue de nuestros personajes?”.

Recomendada para todos los fans de la cinta original.

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