Si Dios Quiere… Un doctor y un cura entran a un bar…

Un muy prestigioso y enojón cardiólogo está preparado para aceptar una dolorosa pero real decisión de vida que su hijo está por tomar… se dedicará a ser cura. Obvio frente a él, debe verse como un padre comprensivo y apoyarlo, pero en realidad, buscara la razón por la que su hijo a tomado esa decisión y hará todo lo posible por convencerlo de lo contrario, hasta que descubra que la razón es un muy cool y amigable padre llamado Pietro, quien a su vez, tomará como misión propia, el abrir el corazón de Tomasso.

Si algo siempre he creído de las comedias europeas, es que saben alejarse de la risa barata que provoca el pastelazo, o la típica historia de la pareja que por situaciones complica su relación para al final darse cuenta que siempre debieron estar juntos, la comedia europea sabe encontrar el lado chistoso a lo más cotidiano, situándonos lado a lado con el protagonista, en un momento que a cualquiera de nosotros podría sucederle.

Tomasso es reconocido como uno de los mejores cardiólogos de Italia, tiene dinero, hijos que (aparentan) son perfectos al igual que su esposa, lo cual le hace pensar que puede ir por la vida ofendiendo y tratando a todo mundo como basura, su mundo es perfecto y nada lo va a cambiar… o al menos eso cree el.

Durante una cena familiar, Tomasso está seguro que su hijo está por revelarles que es gay, idea con la que él ya ha hecho la paz, y por la cual lo apoyara al cien por ciento, pero, cuando la noticia resulta ser que ha decidido irse por la vida de sacerdocio, su mundo se cae a pedazos, pues para un hombre de ciencia como el, nada puede ser más falso que la idea de un dios.

Después de investigar un rato, descubre que la razón del cambio de su hijo es un sacerdote llamado Pietro, del cual está convencido no es nada más que un estafador que intenta embaucar a jóvenes con ideas religiosas, pero mientras intenta salvar a su hijo, poco a poco comprenderá que la vida no es como él siempre la ha visto.

La ópera prima de Edoardo Falcone es en verdad una muy buena construcción de situaciones divertidas sobre un padre sobreprotector que pretende la vida sea perfecta, obvio sobre su punto de vista, involucrando e manera muy inteligente un tema tan complicado como es la religión sin colocarse en terrenos anti/pro.

Una comedia de matices que se aleja de los terrenos ya conocidos de la comedia, y que lo mejor, es que a final de la misma, nos deja con un muy lindo mensaje sobre el amor a la familia, pero especialmente a la amistad.

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