Transformers: El Último Caballero… lamentablemente, no la última entrega

 

Michael Bay en verdad ostenta el título de “el chico necio de Hollywood” … empeñado en mantener viva esta franquicia a base de taquilla y no de cierto… ya dejemos el valor cinematográfico, de cierto decoro al momento de entregar una cinta que al menos tenga un poco de sentido.

Estoy muy consciente de que el cine veraniego está basado en la mera diversión, créanme, lo disfruto mucho, me divierte, a veces es bueno apagar el cerebro y ver explosiones, persecuciones y cuanto alocado brinco nos quieran regalar… pero hay un límite. Bay ha dejado de lado tener guiones interesantes que tengan el más mínimo sentido y tapa esas carencias con gigantescas explosiones y personajes que terminan por no importarle a nadie.

Estamos hablando de la quinta entrega de la millonaria franquicia de unos de los juguetes más famosos de la historia, los cuales, desde su tercera entrega, han ido en franco declive (y eso sin que las primeras sean increíblemente buenas), así que mínimo deberíamos estar hablando de refrescar o proponer algo nuevo para mantener el gusto del público.

 

 

Donde queda ese Michael Bay, que, si bien nunca ha sido de dirigir películas intelectuales, profundas, o si quiera inteligentes, tenía buenas producciones que al menos entretenían, y aun mejor, tenían algo muy importante… “cierta coherencia”, pues bien podíamos divertirnos con “Bad Boys” o “Armaggedon”, grandes éxitos de taquilla que te hacían pasar un buen rato.

Habíamos pensado que la salida de Megan Fox y Shia LeBouf elevarían un poco el nivel de la saga, que tal vez nombres como el de Mark Wahlberg, o en esta ocasión, la bomba de tener a Anthony Hopkins dentro de la historia, ayudarían a mejorarla un poco, pero ni siquiera ellos, pueden arreglar un guion lleno de personajes unidimensionales y más planos que una hoja de papel bond.

Pesimamente montada y ejecutada, donde se intenta incluir a los Transformers en épocas pasadas como la Segunda Guerra Mundial o el Japón feudal de una manera demasiado forzada, y peor aún, intentando convertir el mito del Rey Arturo en real, llena de explicaciones ridículas que no llevan a ninguna parte y que terminan por realmente no importarle a nadie. Dos horas y media de pesadilla cinematográfica…. Y aún faltan como 14 secuelas…

Espero con esto, ahorrarles una terrible decepción.

 

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