El Hilo Fantasma… locura enfermiza de alta costura

el

Reynolds Woodcock, interpretado magistralmente por Daniel Day-Lewis, es un refinado y famoso diseñador de moda, soltero empedernido por elección y obstinadamente rutinario, además de tener un muy raro apego hacia su hermana Cyril (Lesley Manville) que vive exclusivamente para crear moda, hasta que conoce a Alma (Vicky Krieps) una mesera que complicará completamente su ordenada existencia.

Quien mejor para interpretar a alguien  con estas características que al mítico actor metódico Daniel Day-Lewis (si no me creen, no comenzó a grabar hasta que aprendió a coser de manera perfecta cien botones) quien, se aleja de la brutalidad de su Daniel Plainview (There Will Be Blood) y de Bill ‘The Butcher’ Cutting, para convertirse en un petulante inmaduro y consentido, ávido de una atención maternal enfermiza, con un fabuloso ojo para las telas y las formas… un personaje capaz de decirle a su amada “no tienes senos”, no a manera de insulto directo, si no para después pararse el cuello diciendo “no, eres perfecta, mi trabajo es dártelos… si así lo decido”… cosa que podría parecernos el típico caso de explotación y abuso a la mujer, pero que es simplemente el camino para que Alma descubra su verdadera fuerza, y darse cuenta de que no esta tan libre de pecado como ella podría creerlo.

 

 

Si existe una constante en el cine de Paul Thomas Anderson, son las unidades familiares completamente disfuncionales y poco convencionales (y con esto no me refiero a que tengan que estar unidos consanguíneamente) en esta ocasión, situado en el Londres de los años cincuenta, completamente alejado de los Estados Unidos.

Necesita realmente una mención especial el cast de Vicky Krieps, quien completamente desconocido en los circuitos actorales, permite imprimirle gran frescura a su papel, el cual comienza plagado de inocencia, pero que podría parecer, tiene todas las desventajas de tener de frente a un titan como Day-Lewis, pero de manera excelentemente ejecutada (y dirigida) esa misma ingenuidad, es  la que permite el correcto desarrollo de la cinta, que conforme va avanzando (e intentando no contar nada de la misma para no arruinar la historia, se va convirtiendo poco a poco en una transición de poder emocional, lo cual nos lleva a un desenlace poco convencional e impresionante. Más que una evolución o un cambio, este se convierte en la develación de personalidad que yacía escondida.

Un obscuro y gótico relato (invadido con una hermosa fotografía) de una familia disfuncional, que, si bien es complicado y lento, merece ser visto y apreciado, en especial para comprender la merecida nominación de Daniel al Oscar.

 

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