Review de “El Jilguero” … el dolor de las oportunidades perdidas

¿Qué otra fuente de material tenemos tan rica para el cine como lo son los libros? ¡Prácticamente tenemos ya todo ahí! Personajes, historia, descripciones, colores, texturas… es simplemente cosa de volverlo gráfico ¿no?

Ojalá fuera tan fácil…

Este fin de semana se estrena “El Jilguero”, adaptado de la novela homónima de Donna Tartt (la cual esta exquisitamente detallada) y dirigida por John Crowley, la cual es increíble en muchos sentidos, comenzando por el cast, pasando por las impecables texturas y fotografía y hasta la música, detalles que te gritan que la intención de llevar esta historia a la pantalla grande es de lo mejor intencionada, pero, con ciertos detalles, especialmente el tiempo de duración, son lo que nos indica que algo salio mal, algo que no le permitirá tener una gran corrida en las salas de cine.

“The Goldfinch” (por su titulo en inglés), nos cuenta la historia de Theo Decker (increíblemente interpretado por Oakes Fegley), a quien conocemos a la edad de 13 años, justo después de que su madre falleciera en un ataque terrorista a la galería de arte que visitaban, y donde el es de los pocos sobrevivientes. Su madre se dedicaba a criarlo sola, pues su padre (Luke Wilson) simplemente desapareció hace algunos años, así que no hay familiares cercanos que puedan encargarse de el, por lo que único que se le ocurre, es pedirle a la policía que lo lleven a casa de un amigo suyo de la escuela, siendo así, como el destino de Theo de une al de la familia Barbour, donde la madre (Nicole Kidman) le tomará un especial cariño. Esta relación se basa especialmente en el gusto compartido que tienen por el arte, y los hará crecer a ambos en muchos sentidos.

Theo, a pesar de la felicidad que le causa vivir con su nueva familia, vive azotado por el recuerdo de la muerte de su madre, así como el de un secreto que a mantenido desde ese día… después de sobrevivir a la explosión, decidió llevarse con el, la famosa pintura del artista Carel Fabritius “El Jilguero” (la cual es real, data de 1654 y se encuentra exhibida en una colección en Holanda), siendo su inicial intención devolverla, pero nunca lo hace, pues es lo único que le queda que le une y recuerda a su madre. Tan preciada y peligrosa posesión, lo atormentará durante gran parte de su vida, hasta su vida adulta (ahora interpretado por Ansel Elgort, con su tan característica forma endurecida de actuar) donde se ha convertido en un especialista en antigüedades, oficio aprendido de su amigo y maestro Hobie (Jeffrey Wright) quien también se encargo de cuidarlo y criarlo.

A través de la cinta, vivimos los desaires, desamores y la interminable necesidad de encontrar un lugar en el mundo que Theo vive día con día, normalmente de la manera equivocada, siempre impulsado por el dolor del recuerdo de su madre.

El primer gran error de esta adaptación, viene de haber cambiado la narrativa original, donde los hechos se nos cuentan de manera continua, conforme van ocurriendo los hechos, y que nos presenta de manera mucho mas profunda, la relación que tiene el protagonista con su madre, cosa terriblemente importante para entender su manera de actuar, y que en la película, se nos muestra de manera muy precaria hasta el final de la historia, cosa que le quita mucha importancia, sumado esto, a que el cuadro robado, el cual es una terrible carga en la consciencia de Theo durante toda su vida, tiene apariciones muy esporádicas, apenas tiene presencia dentro de la historia, convirtiendo todo esto a Theo, en un personaje gris, opaco, evitando así que podamos realmente empatizar con el.

La mejor y mas entretenida parte de la película, llega cuando Theo comienza una nueva amistad con un chico ruso bastante raro llamado Boris (Finn Wolfhard), cuando su padre se lo lleva a vivir a un lugar desolado en el desierto de Nevada, que si bien es de lo mas simpatico por la buena química que logran este par, es también la mas poética, la mas agridulce, pues es la que nos presenta la soledad y esa extraña tristeza que llega en la adolescencia, especialmente la de un par de chicos que reciben casi nada de atención de sus padres, siendo esta, la parte con mas vida de toda la historia, aprovechando los tonos dorados del desierto para lograr una impecable fotografía por parte de Roger Deakins. Fuera de esos momentos, la cinta esta mal aprovechada, pues no hay alguna que pueda sostenerse simplemente por el “se ve muy bonita” …

Este jilguero esta demasiado preso y no tiene mucho a donde volar.

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