Review de “El Faro”… La locura que trajo el mar

Eternos silencios que sólo son rotos por el sonido de las olas y el graznido de las gaviotas…Con esa primera intención sonora, el director de “El Faro”, Robert Eggers, pretende volverte loco, pues esta fabulosa cinta, no sólo pretende mostrarte a un par de personas que se encuentran al límite de la cordura si no que, por medio del diseño de audio y sus múltiples herramientas fílmicas, pretende empujarte a lo mismo. Con un gran atrevimiento para dejar al descubierto algunos de los peores terrores del hombre, el director nos regala una de las mejores cintas del año, al hacernos sentir que estamos atrapados dentro de una pesadilla ajena de la cual no podemos despertar, acompañada de dos enormes actuaciones.

Para Thomas y Ephraim, cuidadores del faro, la vida es melancólica y desolada, completamente gris, al igual que su fotografía. Los personajes principales, interpretados por Willem Dafoe y Robert Pattinson, comienzan a trabajar su largo turno en la remota isla, donde se encuentra este faro, que bien podría ser el fin del mundo. Thomas (Dafoe) es el experimentado jefe de la operación y quien se dedica a gritar ordenes al joven Ephraim (Pattinson), para asegurarse de que cumpla con sus tareas diarias de limpieza y reparación, siempre dejando muy en claro quién es el jefe, o contando alguna anécdota de su vida…o pedorreándose.

La vida de Eph transcurre entre trabajos forzados y cierta rivalidad que desarrolla con una gaviota, además de tener que escuchar las anécdotas marítimas de Thomas, mientras que su única ilusión, subir a ocuparse de la luz del faro, le es terminantemente negada, lo que le empieza a crear una obsesión sobre qué es lo que ocurre allá arriba, lo que le empieza a provocar terribles visiones, mientras tiene que lidiar con la laboriosa y solitaria vida diaria.

“El Faro”, la cual debe ser entendida como una cinta completamente experimental desde su primera toma, solamente se va volviendo más y más bizarra mientras avanzan los minutos, en la que mientras más observamos a nuestros protagonistas, más comenzamos a preguntarnos cuál de ellos será el primero en enloquecer; por que eso si, seguros de que pasará estamos, lo que desconocemos, son las consecuencias que esto acarreará… como cuando se lanzan balón directamente a la cara, ves el trayecto del mismo en cámara lenta mientras solo puedes pensar “esto no va a acabar bien”. Para nada ésta debe ser vista como una película de amigos metidos en una situación inusual, si no más bien de cómo seria estar atrapado en una isla con una persona que no soportas.

Willem Dafoe, como el gran actor que es, encarna a Thomas de una manera cautivante. Siendo el mas viejo del par, éste es tentadoramente ambiguo a la hora de mostrarnos si su personaje es sencillamente un pesado, o si es su intensión real volver loco a su compañero, mostrándose terriblemente molesto e histérico a la vez.

Y aunque no lo crean, aunque pudieran dudarlo hasta lo mas profundo de su ser, ¡Pattinson está aún mejor! Y no es para menos de pensarse, pues a últimas fechas se ha dedicado a protagonizar en proyectos bastante atrevidos para poder quitarse de encima el estigma de Crepúsculo, y créanme cuando les digo, que definitivamente este es uno de sus mejores papeles. Su Ephraim destila desesperación (por razones que iremos descubriendo mientras avanza la historia, siendo un personaje terriblemente trágico). Eph necesita el trabajo para sobrevivir, necesita el trabajo par poder salir del agujero en que está hundido, necesita esa atrayente luz. Su compromiso con el personaje era completo, y eso se refleja.  

Podríamos creer que solamente Dafoe, Pattinson y la gaviota son los protagonistas de la cinta, pero los elementos seleccionados para la creación de la misma, como el haber sido grabada en esos depresivos tonos grises, en un formato de pantalla 4:3, que provocan al espectador una apabullante sensación de claustrofobia, sumando con los sonidos que los rodean, como de enojadas olas que los asesinarán si no lo hacen entre ellos primero, grandes protagonistas de este mal sueño que toman completamente por asalto tus sentidos. Una vez que te adentras en ella, es fácil perderte dentro de su ambición como historia así como de su ejecución; todo esto en un sentido siniestro, como si por alguna rara razón decidieras sacarte un ojo, sin en algún momento, preocuparse por explicarte los porqués, o intentar aliviarte de esa pesada sensación. A diferencia de “The Witch”, que nos regalaba un terror tangible, que fácilmente nos transportaba a la época y que era capaz de hacernos presentes, “El Faro” nunca es tangible, nunca se siente real, y eso, es lo que le otorga el status de “pesadilla”.

Es como escuchar una leyenda urbana sobre los tipos que cuidaban el faro y se terminaron volviendo locos…

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