Review de “1917” … guerra, la cosa más estúpida que la humanidad se ha hecho a si misma

Sam Mendes no es ajeno a filmar escenas en plano secuencia, simplemente tenemos que recordar la escena de apertura de su película de James Bond, Spectre, donde, en México, durante el festival de Día De Muertos (gracias por regalarnos esa tradición), tenemos una memorable secuencia donde el famoso espía persigue a un extraño enmascarado a través de concurridas calles, un hotel, un elevador, una ventana para terminar en una persecución en el techo. Audaz, llamativa y definitivamente uno de los recursos más poderosos de aquella cinta.

En esta ocasión, para su nueva película “1917”, un increíble drama sobre la Primera Guerra Mundial que ya ganó el Globo de Oro a “Mejor Película” (y que podría apostar le va a dar el Oscar a “Mejor Director”), Mendes vuelve a valerse de este interesante elemento, pero ahora, a diferencia de Spectre, ¡lo hace durante dos horas! Con solamente un corte evidente, y valiéndose obviamente de cortes escondidos, así como hiciera Hitchcock con “Rope” o Iñarritu con “Birdman”, tenemos un drama totalmente inmersivo, el cual convierte al espectador en un testigo vivencial de lo que sucede tanto en las trincheras como en el campo de batalla del norte de Francia, mientras dos jóvenes soldados británicos intentan acercarse a las líneas enemigas antes de un ataque suicida el 6 de abril de 1917.

George MacKay y Dean-Charles Chapman, son una elección perfecta para interpretar a los soldados Schofield y Blake, los encargados de aventurarse dentro de territorio enemigo con tal de entregar un mensaje urgente a un batallón amigo, el cual esta a punto de lanzar un ataque a las tropas alemanas, que tendrá resultados catastróficos, pues éstos, los han engañado con una “retirada estratégica” haciéndoles creer que están huyendo, cuando en verdad, tienen un plan armado para repelerlos al momento que se acerquen. Dependerá de que estos soldados completen su misión, el evitar que mas de 1600 elementos pierdan la vida… una carrera en contra del tiempo y las probabilidades.

Con un detalle preciso y meticuloso (cortesía del diseñador de producción Dennis Gassner) y una fotografía impecable y fluida de la mano de Roger Deakins, capaz de pasar de tomas a ras de piso a aéreas sin la menor complicación, Mendes se encarga de colocarnos en medio de la acción, para hacernos partícipes del caos. Pasamos de manera muy natural a través de los distintos infiernos a los que los protagonistas se enfrentan en una escala épica, contagiándonos del temor y la ansiedad que sufren los personajes, mientras también nos sorprendemos con ellos a medida que nuevos elementos van surgiendo, llenándonos de sorpresas y sobresaltos, capaz de tener a la sala completamente en silencio, o hacerlos gritar al unisono en sorpresa. Ya sea desde una trampa sensible al movimiento, un duelo aéreo a la distancia, o el sonido de un disparo perdido durante un ensordecedor silencio el que te hace saltar del asiento, es imposible dudar del gran impacto cinematográfico que tiene la cinta.

A pesar de todas estas emociones, son los momentos más sencillos los que más nos golpean, aquellos donde se nos enfrenta con el elevado costo humano que acarrea la guerra. Es terrible estar tan cerca de un rostro tan joven en un conflicto armado, la sensación de perdición dentro de una generación que se enfrenta a estos a horrores, y que probablemente, gracias al mismo, no tendrá un futuro propio, todo esto capturado perfectamente dentro de un proyecto que nos muestra la muerte de la inocencia y a un mundo agotado… fatalismo y esperanza en un mismo cuadro.

La travesía es acompañada de manera perfecta y pulsante con la música de Thomas Newman, elevando exponencialmente la tensión de cualquier escena, ya sea en campos abiertos, ciudades derruidas tapizadas de cuerpos descuartizados, o un bosque de madera y alambre, de huesos y sangre, granjas abandonadas o iglesias bombardeadas, una sinfonía de melancolía condimentada con una amenaza lejana.

“1917” es una cinta a la cual es imposible quedar indiferente; cruda, sorprendente, que te hará brincar de tu asiento, y que, durante dos horas, no te permitirá tener cerrada la boca de la impresión. ¡IMPERDIBLE!  

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