Review de “Mujercitas”… Greta Gerwig logra la adaptación perfecta

El famoso e inmortal clásico del siglo XIX de Louisa May Alcott “Mujercitas” (el cual fuera originalmente publicado en dos partes, “Mujercitas” en 1868, y “Buenas Esposas” en 1869), llega a la pantalla grande con una nueva adaptación, la cual solidifica la carrera de su directora, Greta Gerwig, como una voz verdaderamente única, ya sea en papel o detrás de cámaras, logrando revivir visualmente un clásico, de una manera innovadora y encantadora, lo cual le permite sentirse como el relato eterno que es.

Tomando en cuenta que esta obra tiene incontables adaptaciones, ya sea como series de TV, obras teatrales y películas, incluyendo un par del cine mudo entre los que encontramos la versión de 1933, que fuera protagonizada por Katherine Hepburn, o mas moderna, la versión de Gillian Armstrong de 1994, con Winona Ryder y Susan Sarandon (y aún con la enorme calidad de esas dos, la de Gerwig es infinitamente superior), pues es en verdad una pieza muy fresca, a pesar de ser de época, y eso no es para menos, pues lleva todo el sello artístico de su directora, capaz de desarmar a cualquiera con lo bello del relato y la sensibilidad de cada una de las interpretaciones.

Gerwig empapa la cinta con el optimismo de la novela (sin dejar obviamente fuera las situaciones tristes) la cual se nota conoce perfectamente, lo que permite que el resultado sea oro puro, orquestando las dos partes del relato de una manera tanto armoniosa como no lineal, llevándonos del pasado al presente de las protagonistas, lo cual la convierte en una proposición única, liberando un muy reflexivo sentido de la memoria, de los recuerdos, así como la nostalgia dentro de esta “conversación” que logra entre las dos diferentes líneas temporales bajo las que se mueve. La estructura permite flashbacks con un ritmo perfecto, llenos de momentos emocionales y una cadencia dulce, logrando que lo que comienza como un rompecabezas, se convierta en una fuente de asombro que nunca le falta al respeto a las intenciones de la obra original, al contrario, las revitaliza. Un giro inteligente, que permitirá a los fans más leales disfrutarla de la misma manera que lo harán los primerizos.

La esencia de las hermanas March está intacta. Jo, Meg, Amy y Beth se mantienen colmadas de corazón y alma, mismas que las convirtieron en personajes inolvidables. Saoirse Ronan (para todos aquellos que tiene duda de como se pronuncia su nombre… “Sersha” es la manera indicada) se reúne una vez más con la directora para dar vida a la incansable y rebelde Jo, (quien actúa como una especie de substituta de Alcott en la historia), chica de carácter fuerte, poco femenina, decidida a ser escritora, se encuentra ya siete años en el futuro, lejos de los bosques de New Hampshire, viviendo en Nueva York, intentando convertirse en autora de novelas, recibiendo respuestas negativas o “sís” condicionados de su editor, pues sus personajes femeninos necesitan tener los acostumbrados finales felices, que obviamente incluyen matrimonio, además de ser el lugar donde conocerá a su más duro y honesto critico, el carismático Profesor Baher (Louis Garrell), quien está a la par en intelecto con Jo y con quien está destinada a caer perdidamente enamorada.

En este futuro, también acompañamos a Amy (Florence Pugh), quien se encuentra de viaje en Europa junto a su tía, y quien por casualidad se encuentra con su adorado ex-vecino Laurie (Timothée Chalament) quien durante mucho tiempo fuera casi un hermano para ellas, pero de quien Amy vivió siempre enamorada, mientras él estaba enamorado de Jo. Para completar el cuadro, tenemos a Meg (Emma Watson), la voluntariosa y amante de la ropa hermana mayor, quien ha decidido dejar de lado sus aspiraciones a casarse con alguien de dinero para poder estar con el amor de su vida. Beth (Eliza Scanlen), la enfermiza hermana March, dotada pianista, su madre Marmee (Laura Dern… ¿han notado como todo siempre es mejor con su presencia?) eterna bondadosa y sacrificada por el bien de los demás, así como la peleonera y práctica Tía March (Meryl Streep) completan este perfecto cuadro familiar. Saltando de una línea a otra, con una impecable edición de Nick Houy, Gerwig nos provee poco a poco la historia del clan March y su vida en Massachusetts, para irnos involucrando poco a poco con ellas. Desde propuestas de matrimonio fallidas, rivalidades fraternales y enfermedades devastadoras, todas y cada una de ellas reciben el momento perfecto para brillar con luz propia. Aún sabiendo lo que estas chicas están destinadas a vivir, verlas recorrer los años, desde su adolescencia, donde pasan distintas complicaciones, sólo hace que apreciemos mucho más a las mujeres en que se convierten.

El liderazgo de Gerwig frente a estas “Mujercitas” no se limita exclusivamente a “configurarlas”, pues le es importante presentar y transponer la adorable naturaleza de la historia, que transmite el mismo calor de una cobija calientita en una noche invernal, por lo que, al verlas sentadas frente al fuego, o acompañarlas a la mesa durante su comida navideña, no podemos más que sentir ese calor y amor hogareño. Sutilmente, Greta también nos presenta una critica, de una manera desesperadamente romántica, a la antigua manera en que se percibía al matrimonio en aquel entonces, como un negocio, donde el hombre estaba para proveer a la mujer, cuyo rol era exclusivamente cuidar la casa y a los niños, pero también se permite celebrar el amor y el matrimonio como elecciones, a la par de quien decide darle prioridad a sus sueños de trabajo y carrera, todo esto reflejado entre Meg, quien decide comenzar una familia sobre su sueño de ser actriz y defender lo valido de su decisión frente a Jo, en la escena mas “feminista” y válida de la cinta.

Pero la mejor decisión de Gerwig, es haber dado a Jo, de una manera que me hace pensar que Alcott hubiera adorado, una merecida “modernización”, al convertirla en una mujer que no sólo puede ser una autora arriesgada para la época, si no una que descubre que también puede ser impactada por el amor a manera de comedia romántica, sin esto comprometer sus sueños, que no teme enfrentarse a su editor para defender su valía y así poder ver su novela convertirse en una realidad. Una gloriosa conclusión que robará muchas lágrimas en la sala, sí, pero de optimismo y respeto por la autora, quien comprometió su final ideal de “Mujercitas”, una mujer que, adelantada a su tiempo, logró escribir hace ya mas de 152 años, una obra inmortal, que aún inspira a las generaciones actuales a tener sus propias aspiraciones, sin importar cuales sean.

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