Review de “Los Miserables”… del insipiente sentido de pertenencia a la celebración de un Mundial

La nueva cinta del director francés Ladj Ly, carga con la pesada sombra del otoño de 2005, cuando los suburbios de París llenaron sus calles con disturbios que mantuvieron asolada a Francia durante tres terribles semanas. Inmigrantes, en su mayoría nor-africanos, habitantes de estos suburbios, protestaban en contra del constante acoso de las autoridades, así como por la terrible muerte de un par de chicos, quienes fallecieron electrocutados mientras se escondían de la policía en una subestación eléctrica. Y si bien la película se desarrolla en 2018, estos disturbios aún se mantienen frescos en la memoria francesa, pues nada se ha resuelto o cambiado, es más, las cosas parecen estar aún peor desde entonces, más polarizadas. Todos estos elementos ayudan a “Los Miserables” a convertirse en una experiencia desgarradora, tensa y deprimente en cuanto a su tema, pues nos muestra como muchos pequeños incidentes aislados, que podrían ser fácilmente manejables y resueltos, muchas veces escalan hasta convertirse en mortales bolas de nieve…

En la primera escena vemos las celebraciones de la Copa Mundial de 2018, donde un grupo de niños se divierte y festeja junto a las grandes congregaciones que se han dado cita en las calles de París. Es tanta su emoción que gritan, se envuelven en la bandera francesa y cantan “La Marsellesa” a todo pulmón mientras las tomas son engalanadas con algunos de los lugares mas famosos de la ciudad, como el Arco del Triunfo y la Torre Eiffel, dándonos a entender que estos pequeños, a pesar de vivir en desarrollos habitacionales paupérrimos, en las zonas más miserables de la ciudad, se sienten orgullosos de la patria que los cobija. Pero como iremos viendo a lo largo de la cinta, pareciera que Francia no se siente orgulloso de ellos (o al menos la policía) pues los persiguen incansablemente por algo que, para ellos, era simplemente una broma, hechos que poco a poco tendrán la misma presión que una olla express, en su mayoría culpa de un grupo policíaco racista, así como de la paranoia y molestia que reina en el vecindario. Y todo empieza con estos niños que celebran la victoria de Francia… su país.

Cuando centramos la atención en los policías, conocemos a sus dos miembros veteranos: Gwada (Djebril Zonga), quien creció en el area, bilingüe (frances y berber), y quien normalmente mantiene las cosas un tanto más calmadas, y a Chris (Alexis Manenti), su completo opuesto, un francés blanco quien vive bajo un lema: “Nunca arrepentido, siempre en lo correcto”. Ese día, es el primero del chico nuevo de la unidad, el agente Ruiz (Damien Bonnard), (a quien apodan “Grasoso” por peinarse con gel), y el cual no le será nada sencillo. El barrio de Montfermeil, donde la acción se lleva a cabo, es un barrio famoso por ser el lugar donde Victor Hugo colocaría la taberna de los Thenardiers en su famosa obra.

Conocemos poco a poco a distintos pobladores de la localidad, algunos amables, otros peligrosos, los cuales agregan tensión al conflicto, de los niños a los policías, la hermandad musulmana, a un ex-pandillero que se ha convertido en líder espiritual, y entre ellos vemos alianzas y conexiones que van cambiando de acuerdo con el contexto en que nos encontremos.

Cuando uno de los niños, por jugar una broma, se roba un cachorro de león del circo de unos gitanos, las cosas comienzan a escalar de manera desproporcionada, y un problema que se pudo solucionar con un simple “niño, ya basta, devuelve el león”, sale de toda proporción, donde adolescentes furiosos y policías abusadores terminan en enfrentamiento, donde uno de los pequeños recibe una bala de salva en pleno rostro, y para hacer las cosas peores, toda la acción ha sido registrada por la cámara de un dron, operado por uno de los chicos de la localidad.

La cinta y el retrato de esta comunidad se presenta como tridimensional en su contexto, donde Ly malabarea de manera perfecta las diversas situaciones que se presentan, y donde la conveniencia siempre será importante participante de la acción. El director mantiene la acción un tanto a manera de “semi-documental” pero siempre en amplio control de las escenas de acción y pelea. La violencia potencial se siente en cada movimiento, en cada interacción, sin que en ningún momento se llegue a sentir artificial el conflicto.

El conflicto aquí no es la broma del niño, no es el destino del barrio, si no el qué tanto importa la ciudadanía, pues… ¿ésta en verdad te otorga un sentido pertenencia, no sólo ante ti, si no ante los demás? ¿Quién merece pertenecer? ¿Quién merece llamarse francés y quién no?

Nunca la celebración de un Mundial había sido tan dolorosa…

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