Review de “El Llamado Salvaje”… déjate llevar por tu propia naturaleza

Al parecer nosotros los humanos (en nuestro estado más citadino), lo más cercano que tenemos al mundo natural, a ese estado primitivo de cacería y vivir en el bosque, son, a su muy domesticada manera, los perros (también los gatos, pero aquí y ahora hablamos de perros). Las cintas sobre nuestros amigos de cuatro patas siempre son historias que nos hablan sobre amor, pérdida, un verdadero hogar, y en muchas ocasiones, los representan como agentes del caos (no en una connotación negativa, si no como aquellos que llegan a revolucionar la vida de alguien, volteando su mundo de cabeza). Algunas mucho más tiernas (Old Yeller, Lassie), algunas con tonos más ridículos y de comedia (Beethoven, la saga de los Buddies), algunas hechas específicamente para robarnos más de una lagrimita (Marley & Me, A Dog’s Purpose) o algunas donde hasta se convierten en compañeros investigadores de sus contra partes humanas (Turner & Hooch, Agent K-9).

 “El Llamado Salvaje” (The Call Of The Wild), obra escrita en 1903 por Jack London, el mismo de “Colmillo Blanco” Jack London, llega este fin con su adaptación numero 11, entre películas y series, y que se mantiene muy fiel en espíritu a la obra original. Producida por Twenieth Century Studios, y dirigida por Chris Sanders (Lilo & Stitch) ahora aprovechando las nuevas tecnologías, se convierte en un “semi live-action”, donde en esta ocasión, el famoso “Buck” y el resto de los animales, son completamente generados por computadora, cosa que admito al principio me preocupaba, pero al final, terminas hasta enamorándote del valiente perro. Lo mejor de todo, es que la película está impregnada con ese sabor que tenían los live-actions de Disney de los 70s y ochentas, como cubiertas con una capa de inocencia que hacían aflorar los más tiernos sentimientos del espectador, y que les otorgaban el titulo de “clásicos instantáneos”.

Cuando conocemos a Buck, no es el perro valiente y aventurero que esperamos. Esta cruza de San Bernardo y Collie Escoces, es dueño y amo de un pequeño pueblo de Santa Clara California, donde ser la mascota del gobernador, sumado a impaciencia, hambre e hiperactividad y a que es un perro bastante grande, lo convierten en un peligro constante para todos los adornos de la casa. Para su mala suerte, la fiebre del oro está a tope en el Yukon, y se ofrece buen dinero por perros grandes capaces de jalar trineos, por lo que en lo que menos lo pensamos, Buck es secuestrado y llevado a la lejana Alaska. Una vez en su nuevo hogar, será adquirido por Perrault (Omar Sy) y François (Cara Gee), encargados de entregar el correo en aquellos helados confines de la tierra. Aquí Buck tendrá que dejar de ser un niño mimado para aprender a trabajar en equipo con su nueva familia y es aquí donde comenzara la gran odisea para nuestro peludo y digital amigo, una llena de muchas aventuras y emociones.

Por momentos sí es un tanto obvio notar que ya no estamos utilizando locaciones (especialmente lugares tan fríos como Alaska o parecidos) para dar pie a fondos y lugares fantásticos creados por computadora, de repente se llega a sentir un tanto impersonal, pero vamos, primero, es bastante mas económico para la producción, y segundo, estamos justo en un momento de cambio de tecnologías, donde las nuevas ideas ya no están de acuerdo en que un perro, o cualquier animal, sean parte de un proyecto como éste, para entretenimiento humano, por lo que sé que en cuanto menos lo pensemos, las técnicas estarán tan refinadas que ya no lo notaremos, y que a la vez, nos permite tener escenas que tal vez, tenerlas en realidad, serian imposibles, o al menos muy peligrosas de filmar (la escena de la avalancha aquí me parece increíblemente emocionante).

En un momento de la cinta, Buck forma un lazo con John Thorton (Harrison Ford), un hombre de aspecto triste y abandonado, quien ha decidido alejarse del mundo tras la muerte de su hijo. Una amistad entre dos entes perdidos que se fueron a encontrar en el lugar más lejano del planeta para guiarse uno al otro a encontrarse a si mismo, a ser la mejor versión posible de cada uno. Harrison Ford, quien también hace las veces de narrador de la historia, logra un gran lazo con Buck, haciendo que la presencia de ambos sea química pura en pantalla, y haciéndome pensar que, al menos a mí, no me molestaría estar un rato de viaje con ellos, explorando los bosques de Alaska (¿podría llevar mi computadora? Mmm…) Tendrías que en verdad estar hecho de piedra para no sentirte conmovido con la historia y este par de protagonistas.

Una cinta sobre descubrirse a uno mismo, a su propia naturaleza… a que a veces escuchar ese “llamado salvaje” puede ser algo positivo.

Por qué para encontrarse, uno primero tiene que perderse.

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