Review del documental “Time”… ¡Nuestras cárceles no son mas que esclavitud!

“Time” es un documental del director Garrett Bradley que centra su atención en Sibil Richardson y la batalla que ha llevado a lo largo de 20 años para conseguirle a su esposo libertad condicional. El “Tiempo” del título, lo podemos ver desde distintos ángulos… El tiempo que tomara cumplir la sentencia, o la interpretación a, que estando en una prisión, lo único que se tiene es tiempo, o, peor aún, como el tiempo se detiene para un preso, mientras este sigue su marcha para quienes están fuera. Niños que crecen sin la presencia de sus padres, parejas que deben vivir la vida sin sus compañeros, y padres que viven sin ver crecer a sus hijos sin compartir con ellos la vida. “Time” es un documental hermoso y profundo, que nos recuerdan que detrás de cada uno de esos uniformes de prisión, hay una persona que es extrañada en algún hogar, en una familia.

El documental utiliza las viejas grabaciones blanco y negro de Sibil para mostrarnos como ha pasado el tiempo para esta familia, comenzando con uno de sus seis hijos, Raymond, mientras lo llevan a su primer día de clases en el kínder, haciendo bromas sobre que tendrá muchas novias en la escuela. Estas grabaciones nos llevan a un viaje muy personal dentro de su historia, pues los vemos compartir varios momentos, desde un beso el cual, hacen mención sobre como el hacer una grabación del momento, dejara el momento grabado para la posteridad. Poco sabrían que tiempo después ella se convertiría en una vocera de los derechos de los presos, mientras libraba la batalla personal por la libertad condicional de su esposo, siendo el principal estandarte, que la gente de color recibe sentencias mucho mas duras que la gente blanca. Si las cárceles son la nueva esclavitud, Sibil se considera una abolicionista.

La historia y eventos recientes (especialmente desde que cierto presidente de color naranja esta en el poder) de nuestro vecino del norte han obligado a la gente de color (desde morenos hasta negros), a intentar tener un registro de comportamiento impecable, ya que, si son arrestados, con o sin motivo (o hasta asesinados por la misma policía) ni los medios ni la misma fuerza policial tenga excusas para desacreditarlos y así poder justificar sus acciones. Las amistades que mantienen, sus travesuras e indiscreciones juveniles, o verse menos santos que un monaguillo, los pone en riesgo de ser catalogados como lo mas vil de la sociedad. Además, a manera de “bono extra”, una vez que el convicto es liberado, es completamente deshumanizado a pesar de haber pagado su deuda con la sociedad, ya que, entre muchas cosas, se le quita el derecho al voto, y como si cargaran con una letra escarlata sobre el pecho, es muy difícil que alguien les de trabajo. Ahora pensemos que esto también aplica para aquellos que han sido sentenciados de manera injusta.

Parte de lo interesante de todo esto, es que en ningún momento se nos presenta el caso a manera de sentirnos mal por ver a un hombre cumplir una sentencia por un crimen que no cometió… tanto Sibil como Robert son culpables. El 16 de septiembre de 1997, los dos llevaron a cabo un robo a mano armada en el Shreveport Credit Union. Una pareja joven, conocida en su vecindario, quienes manejaban una tienda de ropa hiphopera, con cuatro hijos en casa y un par de gemelos en camino. ¿Qué pudo llevarlos a cometer un crimen de esta naturaleza? Algo no tan sorprendente, si no mas bien, algo común, la desesperación financiera de no encontrar como salir adelante sin importar el esfuerzo que pusieran. Esto, como espectadores, nos evita entrar en enojo y conflicto sencillo, pues no nos podemos sentir mal de que hayan sido condenados, finalmente cometieron un delito, lo que termina siendo molesto, es ver las raíces de un sistema corrupto, que se dedica a complicar la reintegración al a sociedad de cierto sector, mientras que nos permite ver, como todo se maneja con toques de fe y perdón. ¿Dónde se notan principalmente las injusticias? Sibil, gracias a un acuerdo, recibió una sentencia de 12 años (de los cuales solo tuvo que cumplir tres), mientras que Robert recibió sesenta, sin derecho a libertad condicional. Comienza un largo camino contra la burocracia y la injusticia que duro mas de 20 años. Justicia se exige, no lastima.

Imposible llegar a la escena final de la cinta sin lágrimas en los ojos, pero lagrimas que queman y dejan un sabor amargo cuando sabes que, si importar lo que pueda suceder, esta familia, no podrá recuperar todo el tiempo perdido, solo que queda el que viene por delante.

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