Review de “Candyman”

La nueva entrega de “Candyman”, dirigida por Nia Da Costa, se presenta como una secuela “espiritual” a la cinta clásica de 1992, ignorando el par de secuelas que le siguieron, y en esta ocasión, lo hace convirtiendo la historia de Helen Lyle, en parte del folklore del barrio, nada más allá de una leyenda urbana.

Cabrini-Green ya no existe. Las famosas torres de departamentos fueron convertidas en elegantes lofts para atraer a los jóvenes y convertir el lugar en el sitio de moda. En uno de ellos viven el artista Anthony McCoy (Yahya Abdul-Mateen II), y su novia Brianna (Teyonah Parris), conscientes de la gentrificación de la zona, y de como la gente de ahí perdió su vivienda. Pronto, el hermano de Brianna comenzará a narrar la historia de como es que el barrio esta embrujado, contando la historia del “Candyman”, misma que se va desarrollando y creciendo a medida que avanza la cinta, para darnos cuenta que todo s genera a través de un ciclo incesante de violencia en contra de la comunidad negra comenzando por los supremacistas blancos hace muchos años y todo el sistema de vida que eso ocasionó.

Anthony comienza a investigar mas sobre este extraño fenómeno, con la esperanza de inspirarse para sus nuevas pinturas, las cuales han perdido su toque en últimos tiempos, y que necesita mejorar para su próxima exhibición. La historia del monstruo vengador que aparece al decir su nombre frente a un espejo comienza a consumirlo y a apropiarse de él.  Pronto, todos los involucrados descubrirán que Candyman no es una historia, no es una persona… es toda una colmena de desgracias.

Para este momento pasamos de ser (o de que debería ser) un slasher, a ser una cinta de protesta social del movimiento #BlackLivesMatter, dándole demasiado contexto e historia a un tipo de película que definitivamente no lo necesita. Frases como “¿La policía nos cuida de que alguien entre? ¿o de que nosotros salgamos?” “Si la que fallece es una mujer blanca, entonces la historia vive para siempre”. La leyenda de Candyman, se convierte en una queja, en una protesta, dejando de lado el cine sangriento… y esta bien, se que es tema a atender, solo que definitivamente no es la película que a mí me vendieron, además de sufrir del mismo problema de “Godzilla” (la primera de las nuevas), donde lo único que querías ver era a Godzilla, pero no te lo permitían. Acá, gran parte de la violencia sucede fuera de cámara, y si se trata de violencia en contra de alguien de color, esta se muestra con muñecos de sombras, ya que los creadores decidieron que no querían seguir mostrando (en sus palabras) “el sufrimiento negro” para evitar perpetuarlo… algo ahí no coincide con las anteriores cintas de Peele ¿no? quien en esta ocasión es productor y guionista.

“Atrevete a decir su nombre”, la línea del poster, pasa a ser un reflejo de los reclamos de la comunidad en contra de la violencia policiaca, queriendo mostrar que no hay peor terror que el que puede generar el mundo real. Emocional sí, doloroso también, pero poco practico para el entorno en el que decidieron presentarlo, pues se vuelve un tanto más aleccionador que tétrico, cosa que puede decepcionar a los fans del género.

Una mala secuela de una (honestamente) no tan buena cinta original, que tal vez pudieras ver si no tuvieras ninguna otra opción mas atractiva en el cine.

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