Review de «Querido Evan Hansen»

Admito que un buen musical nunca me sobrará en la cartelera del cine, y este año ya hemos tenido “En El Barrio” y “Annette”, además de que ya se aproxima el remake de “West Side Story”. Hace seis años Broadway veía el estreno de una obra que sacudiría a todos llamada “Dear Evan Hansen”, que ganaría seis premios Tony. La obra estaba basada en el libro de Steven Levenson, y en él, seguíamos a Evan, un adolescente que sufre de ansiedad social mientras atraviesa por una tragedia en la que comienza a verse involucrado.

Evan (Ben Platt) pareciera usar el yeso de brazo, que se rompió al caer de un árbol, como un escudo protector del resto de la gente, y no hay cosa que le gustaría mas que armarse de valor para hablar con Zoe Murphy (Kaitlyn Dever) su crush, pero la ansiedad no se lo permite. Como parte de su tratamiento, su terapeuta le pide que se escriba cartas diarias, tituladas “Querido Evan Hansen”, donde se hable a si mismo de su día, para así, intentar tranquilizar su sensación de ansiedad. Al terminar una de las cartas, donde precisamente habla de Zoey, el problemático hermano de esta, Connor (Colton Ryan), se la roba, solo para suicidarse días después y que dicha carta sea encontrada con su cuerpo, lo que hace creer a sus padres, que su carta de despedida esta dirigida a su “único amigo”… Evan. Esto lleva a nuestro protagonista a verse inmiscuido en el día a día de una familia, que, si bien parece ser mucho mas completa que la suya, esta fracturada y muy adolorida, no solo por la reciente muerte de Connor. Conforme pasan los días, y Evan sigue fingiendo haber sido amigo de su hijo, esto comienza a ganarle fama y adulación por parte sus compañeros, mismos que tiempo atrás lo hacían sentir invisible ¿y como detenerse cuando lo único que ha querido toda su vida es un poco de amor?

¿Cuál es el primer y mas grande error de esta adaptación cinematográfica del director Stephen Chobsky? Permitir que el papel protagónico lo volviera a tener Ben Platt, el Evan original de Broadway, quien a sus 27 años desentona completamente en el papel de un adolescente en lugar de buscar a un actor adecuado para el papel, y ahí sí, culpo totalmente al ego de Platt, al no querer despegarse de la fama que le trajo el papel. Y segundo, en una cadena de varios errores, fue el querer pasar la obra casi como copia al carbón, sin preocuparse por hacer una adaptación a un medio completamente distinto al teatro, donde sabes que vas a ir a estar sentado a ver un espectáculo de mayor duración, donde las emociones te las transmiten los actores estando ahí, justo frente a ti, mientras que pretender estar en una sala de cine, mas de dos horas, en un musical que no es de bailes y canciones espectaculares, si no que habla de suicidio y depresión, no es precisamente lo más adecuado, convirtiéndose en una experiencia pesada.

¿Cómo puedes, bajo estas circunstancias, hacer que la gente se sienta cómoda tanto tiempo, mientras ven la historia de un chico, que, si bien sufre de una afección, se permite una ganancia personal mientras que los padres (Amy Adams y Danny Pino) y la hermana de Connor creen este engaño? ¿Cuándo no solo lo permite, sino que además involucra a otro compañero suyo (Nik Dodani) para inventar conversaciones falsas por correo para alimentar el engaño?  

Esta misma mala sensación, hace que grandes canciones, que en teatro te hacen recorrer un mundo de emociones, en la pantalla, una vez más, sin una adaptación especial, abandonen todo lo que las hace especiales para sentirse empalagosas y falsas, cantadas por un muy falso adolescente (y a nosotros, a diferencia de los papás de Connor, no nos engaña por un segundo), sin importar que su desempeño vocal sea impresionante como siempre. El pathos que debería manejar la cinta, se convierte de pronto en risas involuntarias e incomodidad. ¡Tienes que convencernos de querer a un personaje poco agradable, apático, triste!

¿El único personaje que se siente real? Lamentablemente es el que menos tiempo tiene en cámara, y es el de la madre de Evan, Heidi, protagonizada por una impecable Julianne Moore, una madre soltera, a la que le duele tener un hijo al que le cuesta la vida diaria, y que no suele ver los grandes esfuerzos que le toma lograr una vida lo mejor posible para ambos. Su sufrimiento es palpable, y fuera de ella, el resto de los personajes están terriblemente diseñados, planos e inconsistentes. La búsqueda de empatía barata termina destruyendo todo el cariño que se podría sentir por una historia tan dura e importante como es esta (siempre será importante hablar de depresión y suicidio).

“Querido Evan Hansen”, en esta adaptación cinematográfica es nada menos que un terrible desastre que en ningún momento le hace justicia al material original, pero admito que tenía que escuchar mínimo un par de canciones que realmente amo de la obra, aunque eso se convirtiera en una tortura de casi dos horas y media.

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