Review de “West Side Story”

Si algo ha dejado claro Steven Spielberg durante su carrera, es que no le teme a nada, y demostrado queda, cuando su primer musical es una adaptación del clásico “West Side Story” (1961), y siendo la clase de genio q es, bien podríamos pensar que es el único tipo de cintas que ha dirigido siempre, combinando de manera fluida música y baile de manera tan adecuada, que parecería imposible tener una sin la otra, como si quisiéramos pensar en sus dinosaurios sin escuchar a John Williams de fondo.

En pocas palabras, West Side Story es la película para la que Spielberg se ha preparado toda su vida… una versión actual y dinámica del clásico de Sondheim y Bernstein de hace mas de medio siglo, tan conmovedor y obstinado como solo lo puede ser un musical de aquellas épocas, pero con el sello de su nuevo director, dándole así la capacidad de volverse atractiva para las nuevas generaciones, asunto del que sufre terriblemente la original… el desface generacional que puede resultar poco atractivo. Pero es precisamente la magia con la que contaba la versión original, con esa estructura Shakesperiana la que permite que el director la provea de una nueva cobertura, una manita nueva de pintura, permitiéndose reacomodar algunas de las canciones en distintas situaciones e intenciones… Nunca hubiera pensado que por ejemplo “I Feel Pretty” pudiera funcionar actualmente, y bien saben volverla indispensable, en un contexto diferente.

¿Otra de las grandes ventajas con la que cuenta? La manera en que se enriquece el musical al haber sido grabada en las calles de Nueva York con un cast que se permite tener a sus personajes latinos, pues… latinos (vamos, Natalie Wood era hermosa e imposible no pensar en ella como “Maria”, pero de puertorriqueña no tenía un carajo, además de que en capacidad y rango vocal, no tiene nada que hacer al lado de Zegler) y así, sus momentos de dialogo en español, son completamente realistas, a diferencia ( y ese es uno de los peros de la película) de la química entre Maria (Rachel Zegler) y Tony (Ansel Elgort), que este último, bien había una enorme cantidad de actores que pudieron hacerlo mejor en su lugar.

Recuerdo al haber visto la versión clásica, que no entendía por que la obertura del musical se presentaba sobre un plano cambiante de colores, con unas extrañas líneas que no me decían nada, y que parecía durar una eternidad (tanto como la película, que aceptémoslo, en ambos casos es eterna) , ahora nos regala tomas aéreas del Upper West Side completamente derrumbado, pues los vecindarios comenzaban a ser destruidos para comenzar la construcción de complejos de mucha más categoría y estatus social, lo cual nos pone en perspectiva, la preocupación y desolación en la que viven los personajes, al sentirse no bienvenidos ya en su propio barrio. Todo esto son detalles que enriquecen la historia, y que os creadores originales no pudieron permitirse.

La esencia de la historia, juvenil y mas viva, evita usar la nostalgia como muleta, por ejemplo, con el enfrentamiento entre los Jets y los Sharks, donde la famosa pelea/baile, es coreografiada por Justin Peck a manera de tributo para Robbins, pero en esta ocasión, el baile deja de ser simbólico y se convierte en violencia real, tal como en la vida real. Los chicos salen lastimados, con cráneos rotos y hasta una oreja atravesada por un clavo tenemos. Los Jets, con su chasqueo de dedos son tan temibles como cualquier grupo actual de chicos racista blancos., dirigidos en esta ocasión por Mike Faist, quien da vida a Riff, el líder, y que, en estos tiempos, fácilmente podría ser identificado como un Proud Boy de Trump, para quien los puertorriqueños son una amenaza existencial… ¿traumas gringos? Casi no.

Los Sharks, al menos para nosotros los latinos, son el grupo el grupo mas identificable, pues su pelea y disgusto viene a raíz de la necesidad de construir una mejor vida, coartada por el racismo y la pobreza. En esta ocasión su líder, Bernardo (David Alvarez), se convierte en un boxeador en ascenso, quien da más vida al espíritu de pelea del grupo latino, que dejan de ser tanto una pandilla para convertirse en un grupo que intenta proteger su estilo de vida, con sus propios problemas de identidad, eso sí.

Puntos extras a la película por la interpretación de Ariana DeBose como Anita, la novia de Bernardo, en una actuación desgarradora, y el papel sorpresa de Rita Moreno (Valentina), quien interpretara a la Anita original,  y que ahora es la encargada de la farmacia de Doc, de quien es viuda, siendo así nuestra unión con el pasado, y como aquí es la viuda de un norteamericano, se vuelve una especia de territorio neutro entre ambas bandas, y que opaca a cualquiera que aparezca en escena con su pura presencia.

Probablemente le hubiera beneficiado aún mas a la cinta que el accionar de los personajes fuera menos telenovelesco, ya que en menos de 24 horas tenemos peleas, un amor eterno a primera vista, sexo y asesinato, además de que pudo haber sido un poco mas corta (siempre lo diré, los musicales en cine no deberían de durar mas de una hora cuarenta, por lo que dos horas y media es excesivo).

Todos esos elementos, pros y contras que pueda tener la cinta, la convierten en “must” que debe verse en pantalla grande, para recordar, aunque sea por un momento, la grandeza del cine clásico, así como celebrar la gran visión cinematográfica de un genio como lo es Spielberg.

¡Recuerda que la pelicula cuenta con Garantia Cinépolis!

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